Sergio Linde - La sonrisa de la muerte

La sonrisa de la muerte

Sucedió una fría madrugada de invierno cuando me encontraba en mi puesto de trabajo. El resto de mis compañeros se habían marchado y yo me quedé a empaquetar los últimos pedidos.

¡Menudo susto me llevé!

No escuché el sonido de la puerta ni los pasos de Víctor, pero de repente me giré y le vi. Al mismo tiempo se fue la luz y quedamos bajo la penumbra de las luces de emergencia.

—¡Qué susto me has dado! —exclamé. Pulsé el interruptor pero no funcionó.

Víctor estaba quieto junto a la pared, sumido en la oscuridad.

—Lo siento, Luis, no pretendía asustarte.

—No te he oído entrar, ¿te has dejado algo?

Me pareció ver que tenía un par de heridas en el rostro: una en el labio. La otra, una brecha justo en el límite donde comenzaba el cuero cabelludo. Pero no estaba seguro de que mi cansancio e imaginación me estuvieran jugando una mala pasada.

—No, ¿por qué? —respondió con una extraña sonrisa.

Me acerqué lentamente. Ahora le veía con más detalle.

Sus pantalones estaban manchados y rotos. Tenía aspecto de haberse peleado. Le faltaba una zapatilla.

—¿Seguro que estás bien? —pregunté asustado—. ¿Qué te ha ocurrido?

Hizo un gesto de sorpresa. No respondió, volvió a mostrar esa extraña sonrisa. Y justo cuando estaba a punto de tocarle…, otro susto: mi teléfono.

Llamaba Susi, otra compañera.

Qué noche más rara, pensé.

Rechacé la llamada. Víctor parecía estar herido y se comportaba de forma extraña.

Cuando quise darme cuenta se había alejado. Aunque pude distinguir que seguía sonriendo. Intenté acercarme pero se distanciaba continuamente.

—Víctor, estás herido. ¿Quieres que te lleve al médico? —insistí.

—¿Por qué?

Susana llamaba de nuevo.

Sin quitar ojo de Víctor descolgué el teléfono.

—¿Luis?

—Dime Susi, ¿qué ocurre?

—¡No se mueve! ¡No se mueve!

—¿Quién no se mueve?

—Una ambulancia está de camino. ¡Dios mío! ¡No se mueve!

—¿Qué ha pasado?

—Han atropellado a Víctor.

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