Felix Aguilar - Última cena

La última cena

Nunca entendí de béisbol. Ni de fútbol. Ni de ningún deporte en general. Tampoco entiendo qué hacía yo en aquel estadio, con la cara pintada y con una camiseta de un equipo del que desconocía al noventa por ciento de la plantilla. Pero sí sé que a ella le encantaba el fútbol. Y a mí me encantaba ella. Probablemente, si le hubieran gustado los campeonatos de “ruleta rusa”, yo hubiera participado con tal de hacerla feliz. Esa noche, ella terminó afónica de tanto gritarle al árbitro cosas que no había escuchado ni en “Jungla de Cristal”. Pero estaba feliz. Su equipo había ganado y habíamos decidido celebrarlo en un italiano, frente al estadio. Cuando terminamos de cenar, me miró a los ojos, metió la mano en el bolsillo, sacó una pistola y me dijo: “Juguemos”

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