La vuelta a casa

La vuelta a casa

Con la vista fuera del autobús que me lleva a casa, más allá de mis pensamientos y casi, del mundo, miro los reflejos del sol en el río, cómo juega con ellos, cómo corre, inconsciente de que esa agua nunca volverá a pasar por el mismo lugar, que fluye, sin freno, como yo.
Al lado de la orilla, los árboles anchos y rugosos alzan sus ramas al cielo como manos preguntándose: “¿Por qué?” ¿Por qué todo tiene que acabar así? O mejor dicho ¿Por qué todo tiene que acabar? Con ese pensamiento clavo mi mirada en las personas que pasean por la acera, ajenas las unas a las otras, siguiendo su propio camino sin notar que comparten un cielo, un aire y un mundo.
Pero, de repente, veo como alguien sigue la música que suena en mis oídos con sus pasos, los pulsos, el ritmo, todo cuadra. Y así, me doy cuenta que las casualidades hacen que estemos menos solos en el mundo y que no hay mejor motivo de una sonrisa que la vuelta a casa.

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