Lagrimas sinceras - Placido Romero

Lágrimas sinceras

Me gustaría que nunca hubieras aprendido a llorar. Maldigo todos los días a tu tía Benilde, la que te enseñó el oficio. ¿Por qué no te quedaste soltera, como ella? Estoy harto de que nos interrumpan en cualquier momento. El día de nuestro aniversario. En Navidad. El día en que Queti hizo la primera comunión. ¡Incluso ese día! No soporto la manera en que la gente me señala por la calle y dice con lástima cuando me ve: “Mira, el marido de la plañidera”. Y lo peor de todo, Carlota, sospecho que tus lágrimas no serán sinceras en mi entierro.

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