Arlette Riquelme - Las flores marchitas

Las flores marchitas

Mi abuela siempre decía que las flores no tenían que marchitarse, que cada color tenía su significado, que no podías regalar una flor color rojo, así como así, que siempre te fueras por el color blanco o por el rosado, pero jamás por el amarillo. Años después, cuando ya era una joven adulta le pregunté lo que siempre había escuchado de niña, el color de las
flores.

—¿Por qué jamás me pueden regalar una flor color amarillo? –pregunté cerrando el libro que leía a su lado, mientras ella bordaba.

—Porque significa desprecio, que la persona no te quiere o no tiene un real afecto hacia ti –respondió sin quitar la vista del bordado.

—Entiendo –respondí y volví a mi lectura.

—Por eso, aunque las flores se marchiten cuando yo me marche y no haya nada más que flores color amarillo, tú, no las pondrás en donde yace durmiendo, simplemente, me dejarás sin flores o solo con hojas verdes.

—Porque le haré entender al mundo que yo te desprecio, aunque no sea verdad –respondí de forma automática.

—Exactamente –sonrió.

Meses después de esa conversación, mi abuela falleció; aquel día, caminé junto a su ataúd con un ramo de rosas blancas, que significaba paz, porque quería que sintiera paz, que no se preocupara por nosotros, que entre todos nos cuidaríamos.

—Jamás dejaré que las flores se marchiten –dije mirando al cielo –siempre traeré rosas rojas y blancas –prometí.

Y he cumplido esa promesa, durante los casi 6 años que ya no está a mi lado.