Moisés Ruiz - Horas muertas

Las horas muertas

A la una decidimos que las dos sería una buena hora para hablar sobre besarnos hasta las tres. De cuatro a cinco, solo caricias y caídas en picado a morder los dedos de sus pies. De seis en seis y hasta las siete, solo miradas cada ocho microsegundos. Dejamos lo de erosionarnos para las nueve por si a las diez no nos salían cuentas mientras pasaban las horas muertas.

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