Pilar Alejos - Lola

Lola

Me despertó una leve brisa fresca que acariciaba mi cara. Al principio, creí que aquella sensación tan placentera era solo un sueño, pero enseguida supe que me equivocaba. Seguía acompañándome ese tenue ruido, continuo y persistente, que no pude identificar. Mi curiosidad fue en aumento e hizo que me levantase de un salto dispuesto a descubrir su procedencia. Subí las persianas hasta arriba, dejando que la luz venciera a la oscuridad. Intrigado, miré a mi alrededor intentando localizar el origen de aquel extraño susurro.

Comprobé que la ventana estaba bien cerrada. Aquello incrementó mi nerviosismo. Confirmaba que lo que lo producía se encontraba allí, conmigo dentro.

Al pasar junto a la cama, advertí en tu cara aquella mueca desesperada. Descubrí horrorizado lo que provocaba tu dolor. Me abalancé sobre tu cuerpo para taponarlo, en un intento de evitar que, a través de aquel diminuto agujero, se te desinflase la vida.