microcuentos graciosos

Los microrrelatos y el humor: casi un chiste (parte 2)

Ya estamos de vuelta con la segunda parte del tema que empezamos hace poco acerca de la relación entre el humor y los microcuentos. Vimos de qué maneras queda plasmado el humor en los microcuentos: creando definiciones poco usuales, ofreciendo una observación absurdamente natural o juegos con referencias conocidas. A continuación exploramos las posibilidades que quedaron sin revelar en el artículo anterior.

Tras  el rastro del chiste

  • Juego de dobles. A veces se establece un juego de dobles (el personaje del doble es típico de la literatura fantástica pero también se vincula con un tipo de humor en el que lo que un individuo hace repercute en el otro) o un juego de ida y vuelta, en varias ocasiones asociado con el sueño (lo que se hizo vuelve sobre el responsable con el mismo signo que produjo o con el contrario si es que esto afecta más a quien primero actuó):

La seducción 

El hombre logra en sueños lo que no logró despierto: seducir a una mujer carnal, perfumada y esquiva.

Lo despierta un golpe en las costillas: la esposa, que duerme con él, le ha hundido el codo en el costado.

Ha soñado que el marido se ha dejado seducir por una mujer carnal, perfumada y esquiva, a quien ella no conoce.

Antonio di Benedetto (Argentino, 1922-1986)

 

Cuento memorable 

-Esa de negro que sonríe desde la pequeña ventana del tranvía se asemeja a Mme. Lamort –dijo-. –No es posible, pues en París no hay tranvías. Además, esa de negro en nada se asemeja a Mme. Lamort. Todo lo contrario: es Mme. Lamort quien se asemeja a esa de negro. Resumiendo: No sólo no hay tranvías en París, sino que nunca en mi vida he visto a Mme. Lamort, ni siquiera en retrato. –Usted coincide conmigo –dijo-, porque tampoco yo conozco a Mme. Lamort. -¿Quién es usted? Deberíamos presentarnos. –Mme. Lamort –dijo- ¿Y usted? –Mme. Lamort. –Su nombre no deja de recordarme algo –dijo-. –Trate de recordar antes de que llegue el tranvía. –Pero si acaba de decir que no hay tranvías en París –dijo-. –No los había cuando lo dije. Pero nunca se sabe qué es lo que va a pasar. –Entonces esperémoslo puesto que lo estamos esperando.

Alejandra Pizarnik (Argentina, 1936-1972)

 

¡Ese soy yo! 

Cuando vi sacar aquel cadáver del agua, grité:

Ese soy yo… Yo.

Todos me miraron asombrados, pero yo continué: “Soy yo… Ese es mi reloj de pulsera con un brazalete extensible… Soy yo”.

¡Soy yo!… ¡Soy yo! –les gritaba y no me hacían caso, porque no comprendían cómo yo podía ser el que había traído el río ahogado aquella mañana.

Ramón Gómez de la Serna (España, 1888-1936)

 

Los nuevos hermanos siameses

Era una mujer que tuvo dos hijos gemelos y unidos a lo largo de todo el costado.

-No podrán vivir –dijo un doctor.

-No podrán vivir –dijo otro, quedando deahuciados los nuevos hermanos siameses.

Sin embargo, un hombre con fantasía y suficiencia, que se enteró del caso, dijo:

-Podrán vivir… Pero es menester que no se amen, sino que, por el contrario, se odien, se detesten.

Y dedicándose a la tarea de curarlos, les enseñó la envidia, el odio, el rencor, los celos, soplando al oído del uno y del otro las más calumniosas razones contra el uno y contra el otro, y así el corazón se fue repartiendo en dos corazones, y un día un sencillo tirón los desgajó y los hizo vivir muchos años separados.

Oscar Wilde. (Irlanda, 1854-1900)

 

  • Crítica que desnuda. No hay que perder de vista que aun sin ironía, ciertos microrrelatos suelen hacer una crítica social o política. También pueden desnudar los defectos de nuestro lenguaje al momento de comunicarnos y descubrir que lo que dijimos o hicimos (no hay que olvidar que el lenguaje también es acción) nos traiciona:

Abecedario 

El coronel rasga el sobre y lee con su habitual gesto inexpresivo. Se pone de pie, va hacia la ventana y rompe la nota en pedacitos mientras se hace oír por el soldado: -En tiempos de los romanos, cuando un mensajero traía malas noticias, era costumbre pasarlo por las armas. ¿Usted ha leído algo de historia?

Se vuelve hacia el soldado con una sonrisa interrogante.

-No, mi coronel, pero sé leer cartas –responde el mensajero, sacando su pistola.

Juan Armando Epple (Chile, 1946)

Caballeros 

Se pusieron a jugar dos monos fulleros, tan hábiles jugadores que debieron resignarse a jugar honradamente.

Álvaro Yunque (Argentino, 1889-1982)

 

Encierrro 

Con un lápiz trazó una equis para marcar un centro. Allí apoyó la punta aguda y acerada del compás que lastimó el papel, luego lo hizo girar para formar una circunferencia. Cuando la concluyó se dio cuenta de que había quedado encerrado adentro sin posibilidad de salir. Para su desgracia la goma de borrar estaba afuera.

César Antonio Alurralde (Argentina, 1930-2019)

Cayó el muro

El día que cayó el muro de Berlín, yo estaba jugando al fútbol en una canchita del barrio en El Colorado. Fue sintomático. Se comprobaba el fin de las ideologías, desaparecían la izquierda y la derecha. Con los muchachos nos dimos cuenta enseguida. A mí, que siempre me costó patear con la zurda, la sentía ahora más enérgica y creativa. Este asunto de la caída del muro venía en serio, hasta algunos escombros cayeron cerca de nuestro arco y nuestro arquero, inocentemente, los adjudicó a la hinchada adversaria. Nada de eso. El mundo cambiaba. Ahora daba lo mismo patear con la derecha o la izquierda. Nadie hacía diferencias. Eso sí: terminó imponiéndose el juego aéreo, por arriba; los que juegan por arriba usan la cabeza para jodernos, en cambio los que no tenemos astucia ni malicia seguimos pateando por abajo, como podemos.

Orlando van Bredam-(Argentina, 1952)

Las armas que carga el diablo 

Es sabido que el diablo se ha pasado la eternidad cargando armas. No se le ha escapado ninguna. Ni cañones, ni arcabuces del Medioevo, ni rifles, ni pistolas, ni revólveres, ni metralletas, ni fusiles, ni obuses, ni bombas, ni misiles, ni tanques, ni, ni, ni. En las últimas décadas el trabajo del diablo ha aumentado considerablemente. Arsenales por todas partes, uno de cada diez habitantes tiene un arma. Usted mismo guarda un arma en el cajón del escritorio. Ese vecino que tanto molesta, también. El pobre diablo no da abasto con tantas armas para cargar. Tan cansado está que ha decidido retirarse.

Hasta que esto ocurra (porque no hay fecha cierta) seguimos rezando por la paz del mundo y ocultando los revólveres lo más lejos posible del alcance de los niños.

Orlando van Bredam

Tango 

Aquel hombre bebió para olvidar a la mujer que amaba, y la mujer amó para olvidar al hombre que bebía.

Gerardo Mario Goloboff (Argentina, 1939)

Pájaros 

Las ramas se poblaron de pájaros. Sonó un disparo y el árbol cayó pesadamente.

César Antonio Alurralde

 

Para terminar….una bonus

Por último, les dejo aquí los dos textos que mencioné en las notas iniciales: el de Ambrose Bierce y el de Camilo José Cela:

La viuda inconsolable 

Una mujer vestida de luto lloraba sobre una tumba.

-Consuélese, señora –intervino un simpático forastero-. La misericordia celestial es infinita. En alguna parte existirá otro hombre, además de su marido, que pueda hacerla feliz.

-Había –sollozó la mujer-, había, pero esta es su sepultura.

Ambrose Bierce

Cornudo al ajedrez 

O recíproco, concepto que Fourier apoya en la venganza (supuesto al que me permito llamar vengador). El que es engañado por su mujer con el marido de su amante. La situación no es desusada entre matrimonios muy amigos, y de ella no todos los protagonistas tienen completa noticia. Caso práctico: Juan está casado con Luisa, y Pedro con María Francisca; Juan se acuesta con María Francisca, cosa que Pedro y Luisa ignoran, y Pedro hace el amor (jode a calzón quitado) con Luisa, lo que ni a Juan ni a María Francisca les pasa por la cabeza; si se rompe el relativo secreto, la situación pierde encanto y puede caerse en la promiscuidad. Dícese que, estando Juan en la cama de María Francisca, sonó el teléfono que ella tenía en la mesa de noche; lo descolgó y, tras haber hablado, explicó al amante:

-Nada; es Pedro, que me dice que no lo espere, que se queda a cenar contigo.

Cabe en lo posible que Pedro le llamara desde el teléfono de Luisa. Es especie de cierta relevancia en el mundo aristocrático (sobre todo entre títulos pontificios) o, al menos, económicamente fuerte (sobre todo si hicieron su fortuna trampeando con licencias de importación).

Camilo José Cela

¡Y fin! Espero que les haya gustado este recorrido que hemos hecho juntos a través de los surcos del humor en los microcuentos. ¡Hasta la próxima!