Trazos Silenciados

Los trazos que no pudieron detener

En su libro Un cuarto propio, Virginia Woolf afirmaba:

“Me atrevería a aventurar que ‘Anónimo’, que tantos poemas escribió sin firmarlos, era a menudo una mujer”.

El ensayo de Woolf, es uno de los que pone en la mira el difícil camino de la mujer en el ámbito literario. 

Durante siglos el rol femenino se relegó a las tareas de cuidados en la familia y el hogar, incluso, se llegó a pensar que no tenía capacidad para valerse sola, el cuestionamiento social y la crítica estaban a la orden del día. Hasta mediados del siglo XIX el comportamiento “inmoral” de las mujeres que se animaban a escribir era duramente cuestionado en la literatura, por tal motivo, resulta difícil encontrar textos de esa época firmados por autoras femeninas. Sin embargo, existieron literatas que se animaron a alzar su voz y su pluma antes los prejuicios, la censura y el hostigamiento.

Las escritoras que no se quedaron calladas

Entre ellas podemos mencionar a Madame de Staël (1766-1817) la Baronesa que no sólo se animó a escribir, sino también a cuestionar a Napoleón Bonaparte, ante este accionar la mirada patriarcal no dudó en desterrarla de Francia. 

En Inglaterra, Jane Austen (1775-1817) desafiaba al mundo de las letras conducido por hombres. Con una nueva mirada a la hora de escribir, rompía los cánones establecidos tradicionalmente. Fue duramente cuestionada e injuriada, pero eso no la detuvo para continuar con la escritura. 

Cumbres borrascosas tuvo su primera edición en 1847 y fue firmada de manera anónima. Recién en 1850 Emily Brontë (1818-1848) se hace cargo de su autoría, la crítica al enterarse no duda en cambiar de opinión respecto a la obra y menospreciarla sin ningún titubeo. 

Mary Shelley (1797-1851) fue la creadora de uno de los relatos más famosos de la historia literaria y que da origen a la ciencia ficción, Frankenstein, en principio fue publicado con un seudónimo y la autora no recibía ganancias por su novela. 

Menosprecio, finales trágicos y un camino que continúa 

Si ser mujer ante un sistema que te condicionaba resultaba difícil, ser escritora lo era aún más. Recibir el desdén y la burla por parte del ambiente literario, limitaba a las mujeres a tener que usar seudónimos, escribir de forma anónima o incluso tener que llevar el apellido del marido. 

Más de una vez, Ursula K. Le Guin fue víctima del menosprecio y la desvalorización por parte de los editores, que a sus juicios, las novelas de ciencia ficción escrita por una mujer no vendían. 

Escritos y novelas modificadas, editadas e incluso archivadas por las editoriales, son la evidencia del desplante que recibieron y reciben las mujeres en el ámbito literario. 

A todo esto, se suman los lamentables finales trágicos de grandes escritoras y precursoras. Mujeres que fueron y son la inspiración para millones de personas. Recordar a Virginia Woolf, Emily Dickinson, Alfonsina Storni o Sylvia Plath es tener presente la lucha y las convicciones, la pasión por la escritura  y el deseo ardiente de sacar lo que se lleva dentro. 

Si bien a lo largo de los años se han logrado adquirir derechos y reivindicaciones, en el ambiente literario queda camino por recorrer. Sólo para tener en cuenta el premio más importante de literatura en lengua castellan: Premio Cervantes. En 4 décadas sólo fue otorgado a 4 mujeres frente a 37 hombres. Y el Premio Nobel de Literatura sólo ha premiado a 14 mujeres en 115 años. 

Ante este panorama, se puede concluir que queda mucho camino por andar para lograr condiciones igualitarias en el ámbito literario, mucha literatura por leer y sin duda alguna, muchas escritoras más por dar a conocer.