Álex Garaizar - Mala sangre

Mala sangre

«Son cosas de gente mayor», decía mamá, pero ninguno entendíamos que la abuela siempre tuviera en la boca a Toni, el único de sus muchos nietos que había dado serios disgustos a la familia, amigo de problemas, peleas, drogas y otros asuntos turbios que nos avergonzaban. Incluso, alguna vez, llegó a decir que era el pariente que más se le parecía.

Nos hubiera consolado pensar que la cabeza ya no le funcionaba bien, pero la tenía lúcida para todo lo demás, por eso resultaba sorprendente que recalcase que, cuando ella faltara, tenía pensado para él algo especial, como si los demás no existiésemos, a pesar de nuestra conducta intachable, ejemplar incluso en la mayoría de los casos. Lo más doloroso es que sabíamos que la abuela, una mujer extraordinaria, no era capaz de mentir, como tampoco dejaba de faltar a su palabra.

Cuando ya estaba de cuerpo presente recibimos una parte equitativa de la herencia, cada uno de acuerdo con sus méritos y aptitudes, también Toni: los sicarios que había dejado contratados fueron muy eficaces.