melancolia alegre

Melancolía alegre

El silencio le era inspirador pero su mente no paraba de dar vueltas inquietantes. Se levantó minuciosamente para no despertar a su compañero. Se trataba de un insomnio desbordante, de esos que te aplastan las entrañas a causa de pensamientos volátiles. Se sentó en el sillón del living a tomar un té. La lluvia le recordó aquella escena que es mejor guardar bajo llave. Terminó sonriendo, como otras veces, para aplacar la tristeza.

Decidió salir al balcón para tomar aire fresco. Qué bien se sentía el aire, la lluvia, el frío. Por alguna razón que sólo los devotos del universo sostienen, ese viento le fue una especie de renovación. “Fuera de aquí, melancolía”, dijo mientras encendía el segundo cigarrillo del insomnio. Sonrió de nuevo, pero esta vez sonrió con más fuerza, como si se tratase de una sonrisa catártica y desarmada.

Al recostarse nuevamente, su compañero la abrazó y le besó la frente. Por primera vez, luego de tantas inquietudes internas, la joven se sentía en tiempo presente. Los pensamientos no se habían ido del todo, pero al menos estaban en calma, como si estuviesen pasando por un puente vacío de transición. Cerró sus ojos, entonó una estrofa de una canción y se dejó devorar por las transformaciones del sueño.