Pilar Alejos - Memoria

Memoria

Aquel amanecer, el miedo nos amordazó a punta de pistola. Desde entonces, tuvimos que tragarnos el dolor que nos produjo la ausencia de papá. En nuestra familia se congeló el tiempo, sobre todo el de mamá, que no volvió a ser la misma. Con el alma desgarrada, nos tragamos nuestra desesperación. Guardamos silencio de puertas para fuera mientras lágrimas de impotencia y de rabia nos llovían por dentro.

Tras años de luto en el corazón, ella murió clamando justicia para él. Jamás dejó de luchar para demostrar su inocencia. Aquella herida nunca cicatrizó. Permaneció latente en todos nosotros hasta que, una vez abierta la cuneta que lo abrigó, nos lo devolvió el olvido.