Microcuentos viajeros para viajar desde casa

Microcuentos viajeros para viajar desde casa

Hay una frase de Emily Dickinson que dice: “Para viajar lejos no hay mejor nave que un libro”. Sin duda, las páginas suponen el mejor pasaporte a exóticos destinos, desde la India de Naipaul hasta el París de Victor Hugo pasando por el Caribe colombiano de Gabriel García Márquez.

Sin embargo, seguro que a Dickinson no le importaría que actualizásemos su mítica cita a los nuevos tiempos bajo un “Para viajar lejos no hay mejor nave que un microcuento”. Para ejemplo, os traemos estos siguientes microcuentos que suponen toda una oda a los destinos que soñamos de forma breve y sutil pero, también, al propio sentimiento que evocan los viajes en sí mismos. 

Porque donde eclosiona la elipsis, comienza el despegue. 

 

Un sueño, de Jorge Luis Borges

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mi escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular…El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

 

Espejismos, de Mar Horno García 

Hace tiempo que abandonamos la moto y comenzamos a caminar hacia el norte. Creo. El horizonte flamea. Infinitas dunas doradas se extienden ante nosotros. Mariela se ha convertido en un cactus. Yo me siento ligero, arenisco, maleable. Un viento abrasador me agita y me va arrancando algunos dedos, el pelo, la nariz, una pierna, hasta que me siento montículo de polvo. Creo que todo ha terminado. Por fin, alguien coge el desierto y lo dobla como un mapa, con cuidado, por sus marcados pliegues. Lo guarda en el bolsillo. Allí se está más fresco. Un oasis, como otro cualquiera.

 

Destino, de Manuel Arechavaleta

–¡Taxi!

–¡Buenos días!… ¿A dónde quiere que le lleve?

–A donde mis sueños se hagan realidad, por favor

–Muy bien–. Póngase cómodo–. No todo el mundo quiere llegar tan lejos.

 

Asia, de Rodrigo Munizaga

Andar en un pueblo perdido de Asia, que no entiendan inglés ni español, pero me digan “Despacito” por tener cara de español. 

 

Submarino, de Dani Rovira

La invitó a viajar en su submarino para comprobar,

de una vez por todas, si en el fondo lo amaba. 

 

Roma, de Mónica Carrillo

Roma, fuiste siempre un incendio. Del derecho y del revés.

 

Viaje a un lugar inolvidable, de Óscar Soria 

El avión coge velocidad, preparándose para el despegue. Mi hermana me aprieta la mano. Le preocupa que esté mal construido y que algo falle. Es su primer vuelo, y veo el miedo reflejado en sus ojos brillantes. La velocidad alcanza su punto óptimo, abro la mano y el avión vuela… un poco, hasta doblarse la afilada punta de papel contra la pared y caer balanceándose cual pluma.

 

Sin ra(cora)zones, de @anizpl

En el viaje de su vida llevaba exceso de equipaje. 

Decidió coger lo indispensable.

Se deshizo del corazón. 

 

Pecera, de Gina Vásquez

Que no era posible, le decían, llevar siempre consigo en la pecera a su pez. Y ella callaba, sonreía, y los dejaba hacer. ¿Qué sabrán ellos de viajar siempre llevando el mar para su pez? 

 

Ecocuento, de Alberto Piernas

Se casaron en 2050.

Para la luna de miel, viajaron a las cálidas playas de la Antártida.

 

Los viajes siempre se convierten en la mejor excusa para dejar volar la imaginación. Para convertir cualquier día de cuarentena, en un viaje sin salir de casa. 

¿Te animas a enviar tu #MicrocuentoConAlas?