Pilar Alejos - Motel de carretera

Motel de carretera

Te lo digo siempre. Has de tener paciencia. Sabes que los clientes del motel son lo primero —le susurra al oído mientras acaricia sus manos. La mira a los ojos con ternura. Después, coge el cepillo y la peina con sumo cuidado, una y otra vez, hasta lograr desenmarañar y asedar su cabello. Aprovecha ese momento para contarle cómo le ha ido el día. A ella le encanta que le dé conversación. Así, se siente menos sola.

Cuando termina, la abraza con delicadeza porque teme hacerle daño. Luego, le alisa el camisón con sus manos para hacer desaparecer aquellas incómodas arrugas que tanto le molestan. Comprueba que todo se encuentra a su gusto. De lo contrario, no lo dejará descansar en paz.

Tras asegurarse que todo está en orden, como cada noche, Norman se tumba en la cama junto a ella. No puede dormir sin escuchar el constante quejido que emite el balanceo de su mecedora.