Pilar Alejos - Nido vacío

Nido vacío

Aunque no quieras, el tiempo se te esfuma entre los dedos y no lo puedes retener. Por eso, cuando entro en la habitación de jugar y abro el baúl de los juguetes, me entristezco. Cada vez está más vacío. Los pocos que quedan permanecen apiñados en el fondo. Parecen tristes y apenados, como si echaran de menos a los ausentes. Saben que todos los que se marchan nunca regresan. Los años pasan, los niños crecen, pero son inseparables. Cuando se van, se llevan consigo sus favoritos. Los necesitan. Así no se sienten tan solos.

Aunque vivo dedicada al cuidado de mis hijos con mucho amor y me preocupo de que tomen sus medicinas, la vida es tan cruel que me los arrebata.

Y cuando llega el momento de partir, procuro que lo hagan siempre muy bien abrigados. Al anochecer, hace mucho frío y hay demasiada humedad en ese rincón del jardín.