Elisenda Romano - Niño

Niño

Y yo le dije: ay, niño, qué ojos tan bonitos tienes, como castaños manchados de verde. Él aleteó las pestañas y bajó el rostro al libro de poesías de Petrarca y yo le dije: ay, niño, que mejillas tan suaves tienes. Él se sonrió, sabiéndose admirado. Pero cuando sentí su pierna caliente contra la mía, no pude evitar decirle, ay, niño, ay niño, qué lindo eres. Él se levantaba, iba y venía, jugando con el tiempo que le sobraba, y yo le decía: ay, niño, qué envidia te tengo, tú ahí tan joven y yo tan cerca de la vereda, ojalá el tiempo nos hubiese acercado, pero ahora estamos ya tan lejos. Y él se sonreía, porque no sabía hacer otra cosa, y yo le dije: ay, niño, disfruta mientras puedas, que a mi edad ya no quedan cosas buenas, pero al menos te puedo salvar de este horror y el niño desapareció. Ahora ya solo me quedo yo mismo para decirme, ay, viejo, ay, viejo, te burlaste de Humber Humber y de todos los demás y ya solo puedes reírte de ti mismo esperando que no suceda nunca más.