Paula Roman - No entra

No entra

La carne humana es más dura de lo que parece. Después de tantas películas y reportajes de crímenes, me imaginaba que iba a ser más fácil.

Pero se resiste, como si no quisiera que la cortaran. El temblor de mis manos no ayuda al cuchillo a ser más certero. Siento que el aire se agota en mi pecho.

Después de un par de intentos, la sangre brota pero el corte no es tan profundo como quiero. No llega el oxígeno.

Al final, necesito que la mano izquierda ayude a la derecha, que siempre ha sido más cobarde. Empujo con los ojos cerrados y toda la fuerza que puedo. Los gritos en mi cabeza me dan ánimos. “Si no entra aire nos morimos”.

El cuchillo entra hasta la mitad y su dolor es frío e intenso. Lo arrastro hacia abajo y lo muevo de un lado a otro para hacer la herida más grande. Se agota el tiempo y la sangre no pide permiso para caer sobre mi pecho.

Saco el cuchillo y miro en él mi reflejo. Las venas de mis ojos parecen las ramas de un árbol. El agujero de mi pecho es grande, como un puño, pero el aire no entra. Me ahogo, siento que mi cerebro se paraliza. No, no entra.

Me tiendo en el suelo y siento como el calor de mi sangre me arropa. El aire no entra, no lo hará nunca más.