Paula Andeliz - Otras manos

Otras manos

Esta es la triste historia de unas manos que no fueron las mías acariciando tu cintura. No sé si eran unas manos de las que a ti te gustan. No sé si eran suaves o si tenían las uñas almendradas. No sé si deseaban contarte las pecas una a una o si temblaban con cada sonrisa tuya. No sé si siempre estarán abiertas esperando a darte lo que pidas. Y, por supuesto, me es imposible saber si te desearon como te desean las mías.

Lo que sé con certeza es que no fueron mis manos las que acariciaron tu cintura aquella noche. Y en una larga velada de canciones, luces de neón y cerveza, solo esa imagen me impactó como una bala. Y me perforó la retina. Y un poquito el corazón. 

Tú bailabas, y reías, y te dejabas abrazar. Los hielos chocaban entre sí dentro del vaso, cuerpos sudorosos en la barra del bar, los pies pegados al suelo. La música de moda escondía los secretos de aquellos que se gritaban al oído. Tú colocabas tus manos sobre unos hombros que tampoco eran los míos. Pero esa es otra triste historia.

Y yo te miraba, y me moría, y me tuve que marchar. Con la certeza de que todo daba igual, porque ya nada me haría más daño que esos segundos. Con la certeza de que nada tendría sentido mientras no fueran mis manos las que acariciaran tu cintura.