Natalia Medina - Pasos de nazareno

Pasos de nazareno

Vestido de nazareno. Solo se le ven los ojos.

A la vista de todos, su túnica morada y blanca. Y bajo ella, una inmensidad de sensaciones, mezcladas con recuerdos y vivencias, con intenciones de aquellos que lleva en su corazón.

El recorrido es largo, los pasos lentos y pesan más las horas. El olor es de incienso y el cielo pasa de azul a negro, fiel testigo de una masa de fieles que acuden a la procesión sin dejar la tradición de lado.

Quizás, al ver ese desfile de penitentes, nadie sepa qué hay bajo ese rostro tapado. Pero él, sonríe y se emociona, piensa y reflexiona, camina, aunque a veces sienta que no puede más. Pero siempre puede.

Un año más, una nueva Semana Santa. Un cielo que a veces llora y no da tregua, unas calles que siempre te acunan.

Y delante de él, va ella. Juntos siempre. Con el aroma que desprende el  cariño de un padre y una hija. Con la ilusión de unas costumbres que seguirán latentes. Con el acento andaluz caprichoso que decide cambiar el sonido de una “c” por el de una “s”. Con todo y con eso, pero siempre con él.