Javier Puchades - Perdida

Perdida

Cuando mamá se ausentaba de casa, siempre me decía lo mismo:

«Si te la llevas, cuídala, que no se pierda y no se te ocurra volver sin ella».

Entonces, nos íbamos a jugar al balón a la explanada que había a orillas del lago.

Aquella tarde, cuando íbamos a regresar, no la encontrábamos.

—¡Te juro que la he visto caer cerca del cobertizo!

—¡Tiene que aparecer!

—¡Por aquí no hay nada! Estoy tocando el fondo con las manos.

—Pues, la encuentro o mi madre me mata.

—¡Aquí veo algo! ¡Sí, está bajo el agua, inmóvil, atrapada por el fango!

—¿Seguro que es la pelota?

—¡No, es tu hermanita!

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