prudencia

Prudencia

Lo dejó todo colocado. La muda limpia, el traje azul de bodas, bautizos y comuniones, los zapatos bajo la cama, el bote fresco de colonia en la mesilla de noche, y junto a éste, las estampas del cristo del Sahuco y la virgen de los Desamparados, a quienes tanto había rogado por este viaje.
Tampoco se olvidó de fregar los platos, arreglar el sofá, pasar la escoba y perfumar todo el salón con ese fuerte y brusco aroma a lejía del todo a cien.
Se paseó por el patio, puso la comida a los perros y gatos, y los acarició mientras sus colas se movían al ritmo de sus manos.
Se acurrucó en el sofá por última vez y sintonizó la Cadena Ser. Dejó caer la vista unos pocos minutos y volvió a la habitación.
Ella ya estaba preparada para el viaje. Con una mano delante y empapada de recuerdos, se tumbó en la cama a esperar que el taxi camino al cielo viniera por ella.
Tan cuidadosa, tan atenta, tan pendiente, tan prudente siempre, señora Prudencia.

[Total:4    Promedio:4.5/5]
Más artículos
Y si arramplas con algo, que no sea conmigo
Y si arramplas con algo, que no sea conmigo