Relatos de Terror




RELATO DE TERROR GANADOR:

La Carta-Kenoa Gessle

«La Carta»

por Kenoa Gessle

«La casa estaba vacía, lo había estado desde hacía algunos años, sin embargo, sentía que no estaba sola. Juntó coraje para abrir el ropero. Debía comenzar a sacar toda esa ropa. Sabía que los recuerdos podían abrumarla, pero tenía que hacerlo. Sacó un tapado de piel, un saco de vestir y un papel doblado en cuatro cayó a sus pies. Lo juntó y leyó en uno de sus lados: 'A quien me encuentre”. Lo desdobló: 'No estoy sola, hay alguien o algo conmigo. Lo siento. Sé que no me va a dejar salir. Tengo miedo. Me quiere, quiere atraparme aquí para siempre, lo sé. Voy a morir. Voy a morir. Tengo miedo. A quien me encuentre, por favor, díganle a mi familia que los amo”. Leyó el nombre al pie de la carta y quedó paralizada. Quiso correr hacia la puerta, pero ya era tarde. La mano inerte soltó la carta. Su nombre estaba en ella.»

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RELATOS DE TERROR FINALISTAS:

2.- «Se acercan»

por Bellabestia

«Esa noche la guardia prometía ser tranquila, sólo había un cadáver en el depósito al que se le había hecho la autopsia esa misma tarde. Ya estaba guardado en la cámara frigorífica, a la espera de entregarlo a la familia y enterrarlo al día siguiente.
Mientras se adormilaba recordaba las bromas que se hacían a costa del viejo forense y su costumbre de poner cascabeles en los pies de los cadáveres por si se despertaban, había visto tantos casos...
En el silencio y la oscuridad del depósito soñó con muertos que hacían sonar los cascabeles al sentir el bisturí.
Soñó con sus gritos de angustia.
Ese sueño horrible lo perturbaba y algo seguía flotando en su mente. Sabía que algo no iba bien. Sabía que aunque los sueños juegan malas pasadas no era normal que se sintiera así.
Seguía escuchando cascabeles pero los gritos de angustia pasaron a ser suyos al ser consciente de que ya estaba despierto, que los cascabeles seguían sonando.
Y se acercaban.»

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3.- «El juego de la pelota»

por Manel SaO

«Andreu había conseguido escabullirse nuevamente. Mamá terminó por ceder ante las súplicas del pequeño y tendría un ratito más para jugar hasta la cena.
—Gracias, mami. Enseguida voy.
—Cinco minutos. Ni uno más, ¿eh? Te lavas las manos y a cenar.
—Vale mami. ¡Gracias!
Desde que encontró ésa pelotita de cuero, se había olvidado de todos los demás juguetes. Incluso la videoconsola había dejado de ser su mejor compañera de juegos y acumulaba capas de polvo junto al televisor del salón. Si bien la inventiva no era la mejor virtud de Andreu, sí que era un niño persistente, y su solitario juego, aparentemente anodino, de pasarse la pelota de una a otra mano o de botarla en la calle sin la menor intención de patearla le mantenía entretenido horas. Ya en el salón, mamá se lo volvió a repetir.
—Aprovecha esos cinco minutos para recoger, Andreu.
—Vale, vale…
El pequeño, entornó sigilosamente la puerta mientras escuchaba a mamá colocar sus cubiertos en la mesa. Andreu abrazó su pelotita, se agachó, y la dejó en el suelo quieta. Se sentó junto a ella e instantes después, comenzó a rodar muy lentamente abriéndose a su paso la puerta de su habitación para salir de ella y llegar a la cocina. Segundos después, el grito ahogado de una mujer y una vajilla haciéndose añicos rompieron la tranquilidad de la noche. Andreu, sonrió traviesamente y miró bajo su cama preguntando.
—Y ahora, ¿a qué quieres que juguemos?»

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SEMIFINALISTAS DE RELATOS DE TERROR

¡Aquí podéis ver los 33 relatos que pasaron el corte final!

Si queréis ver de forma rápida si estáis entre ellos, podéis pulsar control+F y os aparecerá un buscador. Introducid el nombre con el que queríais que os publicásemos o el título y lo encontraréis si ha sido uno de los escogidos. ¡Muchas gracias a todos por participar! ^^

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1.- «Haz caso a las leyendas»

por Marina Cabrero

«Las leyendas lo decían pero yo no hice caso y me adentré en la vieja cabaña del bosque haciendo que la madera se quejara bajo mis pies. Noté frío, el vaho salía de mi boca cuando sentí un gélido aliento detrás de mí, un escalofrío me invadió y me giré. No había nada. Crujido. Un paso más y llegaría dónde nadie más lo había hecho. Los rayos blanquecinos se colaban detrás de los tablones, dejándome ver la habitación del cruel asesinato que partió en dos las almas del pueblo. Las nubes cubrieron la luna sumiéndome en la más absoluta oscuridad. Busqué la claridad pero solo me encontré con dos ojos brillantes y una sonrisa diabólica, acercándose. Me paralicé. La madera seguía crujiendo bajo los pasos. No eran los míos. Nunca llegué a esa habitación. Viva.»

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2.- «Crudo»

por Renton

«La carne cruda siempre le había asqueado.
Lo primero que haría sería ir a por un buen filete al punto en el restaurante del final de la calle, el que veía cada día desde hacía dos años por una diminuta rendija en la ventana tapiada.
Lo segundo, volver al piso y vengarse.
Pero antes debía acabar de desprender a mordiscos su brazo de los grilletes.»

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3.- «Duermevela»

por Mar Rojo

«La enfermedad no le daba tregua; solo ansiaba dormir. Cerró las ventanas, bajó las persianas y se dejó mecer por la voz profunda de Johnny Cash en la más completa oscuridad. Tanteando las paredes con dedos trémulos, tropezó con el sofá, se tumbó y esperó a que la venciera el sueño.
There ain't no grave can hold my body down,
When I hear that trumpet sound I'm gonna rise right out of the ground.
La voz del cantante le llegaba desde muy lejos, como un eco devuelto por las profundidades submarinas.
La primera vez que llamaron al timbre, el vibrante sonido parecido a la sordina de una trompeta la sacó de un duermevela erizado de pesadillas. La boca le sabía a tierra. Se levantó trabajosamente y con paso vacilante se acercó a la puerta. No había nadie.
La segunda vez, aturdida y extrañada, volvió a levantarse para mirar, pero el umbral seguía vacío.
La tercera vez, al sonido del timbre se unieron unos golpes secos en el portón. Convencida de que estaba siendo víctima de una broma pesada, abrió de improviso para pillar al bromista. Nadie.
—¿Has visto, Juan? —exclamó la voz de su hijo menor—. ¡La puerta se ha abierto sola! ¿Quién anda ahí? ¿Mamá, dónde estás?
—¡Déjate de bromas, Marcelo hijo! ¿Pues dónde voy a estar? ¡Aquí mismo! —gritaba ella, confundida, pero nadie la veía ni la escuchaba. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando sus hijos la atravesaron a toda prisa para llegar al salón.»

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4.- «Mi turno»

por Hector C. A.

«Ya era hora que se fueran, no aguantaba más sus respiros y risotadas.
¿Pensaban acaso que solo era un juego, que nadie se enteraría, que las almas no sentimos, ni queremos – ni jugamos -?
¡Ellos me invitaron, ellos me soltaron, desde lo hondo me invocaron y ahora ya no están!
Corren, a lo lejos escucho sus pisadas que tropiezan unas con otras.
Estos niños hechos de piel no conocen la otra vida. Ellos no saben que a nosotros no nos atan ni el oxígeno, ni el cansancio, ni el dolor; que no conocemos la pena y la compasión; ignoran que nosotros no dormimos, que siempre vigilamos, que nada se nos escapa.
Míralos correr, algunos ya llegaron a sus casas y abrazaron a sus madres, otros se fueron a dormir sin cenar. Piensan que todo ya pasó.
¡Ellos tuvieron la culpa! yo nunca pensé regresar de nuevo, pero ellos así lo quisieron, ellos me llamaron por mi nombre, abrieron la puerta y no la cerraron a tiempo.
Poco tiempo les queda. No tienen un lugar de refugio. Sus casas se convertirán en cavernas desconocidas, en pesadillas sin fin.
Les conozco muy bien, sé dónde viven, dónde duermen, lo que temen y, sobre todo, lo que aman.
Ya es hora de comenzar, ahora me toca jugar a mí.
Ya nadie estará a salvo, ya nada será como antes. Mañana no habrá luz.»

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5.- «No digas su nombre»

por Zulaiki

«El pecho me dolía, manos y brazos paralizados mientras un sudor frío recorría mi espalda. Era sueño, pero ya no lo era. Mis ojos contemplaban la oscuridad de esa fría noche. La primera en aquella casa que tanto nos costó conseguir. Un aire gélido se colaba por alguna rendija y la sombra a mi derecha apretaba fuerte para que no respirara.
Intenté gritar, escapar, huir, pero mi cuerpo no respondía. En mi cabeza resonaba la historia que me había contado justo antes de ir a dormir.
Intentaba convencerme que todo aquello era una broma cruel y al siguiente parpadeo despertaría. No se si fue un grito ahogado que no llegué a escuchar o el movimiento para tratar de escapar. Lo cierto es que logré despertarle.
Aún sin palabras vi cómo subía la persiana y la pálida luz de la luna iluminaba a medias la habitación.
'Tranquila ya ha pasado todo’.
El aire volvía a mis pulmones mientras recordaba el final de su historia.
‘Prométeme que nunca me pedirás que te diga su nombre’
No hace falta, pensé mirando los ojos rojos que me observaban desde la esquina. ‘Ahora resuena también en mi mente’»

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6.- «Baño»

por Milton Ekman

«Sube por las escaleras. Llega al primer piso, mirando sobre sus pasos constantemente. No hay nadie, pero siente que la siguen. Hay algo raro en el aire, algo espeso. Entra al baño. Es un baño viejo, abandonado, en desuso. Las canillas gotean y el ruido de las gotas sobre las bachas de metal es ensordecedor.
Se queda mirando el espejo, viejo, cubierto de polvo. El chiflido del viento se filtra por la claraboya y un sudor frío le recorre la espalda. Se sobresalta. Hay algo en el espejo. Por un breve segundo hay algo en el espejo. Cuando vuelve a mirar, no hay nada.
Las canillas se abren. Todas de golpe. Giran las perillas y las manijas se abren y de ellas salen chorros de agua.
Se asusta. Se sobresalta. No grita, pero tiembla.
Se esconde en uno de los cubículos del baño. Cierra la puerta con traba y se recuesta contra la pared opuesta al inodoro. Detrás suyo sólo están los fríos azulejos de la pared. Aun así siente como una mano le agarra la espalda.»

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7.- «Papá se ha ido»

por JeronimoMendez

«Otra vez siento ese sabor a óxido en la boca pero esta vez viene acompañado de un dolor abdominal indescriptible. No puedo moverme, solo siento mi cabeza apoyada en un nogal y mi cuerpo sobre el verde césped. Cuando observo, noto que mis órganos están fuera, cubiertos de sangre y una materia oscura.
Frente a mí, el responsable de este terrible acto. Un ser humanoide de cuencas vacías, labios ausentes, una dentadura enorme y filosa y unas enormes garras de 40 centímetros.
'Espero que vivas para ver sus rostros'. Su frase me desconcierta y, mientras lo veo desvanecerse en el aire, escucho el sonar de las campanas.
Una puerta de cristal se encuentra a escasos 4 metros de mí. De ella provienen las más graves voces. No puede ser aquí. Intento huir pero ya no puedo moverme. Ya es tarde.
Las puertas se abren y las voces se convierten en gritos desgarradores. Frente a mi, un montón de niños con sus trajes de escuela lloran. Una de esas dulces y tristes voces resalta de las demás.
'¿Papá?' La voz de mi pequeña me llena de desesperación y tristeza. Intento prevenirla, decirle que se aleje de tan funesto lugar pero siento como una enorme garra comienza a cortar mi garganta y una horrible voz a mi lado
'Papá se ha ido'.»

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8.- «Catatonía»

por Félix Aguilar

«Despertó en una absoluta y completa oscuridad. No recordaba nada de las últimas horas. Es más, no recordaba siquiera los últimos días. Se incorporó, aunque al hacerlo se golpeó la cabeza contra algo. Empezó a intentar alcanzar un interruptor y al no conseguirlo cayó en la cuenta: estaba en una caja de madera.
Gritó pidiendo auxilio, pero comprendió que era inútil ya que, probablemente, estaría bajo tierra. Le comenzaba a faltar el oxígeno y un olor putrefacto le entraba por las fosas nasales.
Intentó tranquilizarse, mientras palpaba en su bolsillos algo con lo que salir de ahí. Encontró una moneda y se puso a buscar un tornillo -'Bingo'- pensó. Y comenzó a desatornillar, primero uno y luego el resto. Cuando terminó, se cubrió con la ropa la cabeza, abrió la tapa y la tierra cayó sobre él. Excavó rápidamente y salió a la superficie dos minutos después.
Un momento después, cuando sintió el aire fresco, se percató que estaba en un cementerio. Justo detrás de él había una lápida con su nombre y la fecha de hace dos semanas. Él no lo sabía, pero llevaba muerto varios días.»

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9.- «La estafa.»

por thegirlinthebowlerhat

«Lo supo al sentir una mano helada que no podía ver en su piel. Los fantasmas habían dejado de ser juego de luces y señales prefabricadas del 'más allá'. Ese dinero fácil le iba a costar la vida.»

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10.- «Hasta la tumba»

por Luisa Vázquez

«Su exmarido había sido ejecutado por el asesinato de sus padres hacía tres días.
Lo último que gritó antes de que lo frieran fue:
- ¡Te mataré!, mientras la miraba a los ojos y se reía.
Aún así no había perdido la costumbre de comprobar puertas y ventanas. Tampoco la de dormir con la mano apoyada en la fría empuñadura del revólver.
A las tres, la misma hora del ataque, un sonido la despertó. Con los ojos entrecerrados miró la habitación en penumbra. Las sombras de los muebles y el movimiento de la cortina le daban a todo un aspecto fantasmagórico, pero no era diferente a otras noches.
Volvió a dormir.
De repente, sintió un peso dejarse caer en la cama a su lado. Sintió su olor, ese que había aprendido a temer, su respiración entrecortada. Una mano apartó el pelo de su oído y le susurró mientras le lanzaba su aliento apestando a alcohol:
- ¿Creíste que la silla eléctrica te iba a librar de mí?
Su risa sonó lejos. Luego silencio.
Se incorporó y encendió la luz aterrada. Nada, el cuarto estaba vacío.
Y entonces, una mano surgió de debajo de la cama, la agarró por el pie y tiró arrastrándola hacia el suelo mientras ella gritaba desesperada.
Cuando desapareció bajo el colchón se hizo el silencio. Un silencio de sepulcro roto solo por una frase lanzada con ira:
- ¡Te dije que te mataría!»

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11.- «La vuelta a casa»

por Adriana V. Cabezas

«Bajé del autobús concentrada en el móvil y no reparé en la oscuridad de la calle hasta después de unos metros. Pero entonces lo escuché. Sus pasos. Se dirigía hacia mí y noté una repentina aceleración del corazón. Apuré la marcha. Mi casa no estaba muy lejos, si corría llegaría en dos minutos. Sentí un frío atroz detrás del cuello, una sensación que bajaba desde la coronilla helándome por completo hasta el final de la espalda. Y el corazón, que cada vez latía más fuerte. Tum-tum tum-tum. Pensaba que se me saldría por la boca. Los pasos eran más audibles, más cercanos. Podía sentir cómo aquella presencia estaba ya a pocos metros de mí. ‘Corre’, me dije, ‘corre hasta casa’. Pero no pude. ‘Corre’. Estaba paralizada. Centímetros, ahora lo tenía a centímetros. Me quedé quieta y apreté el móvil tan fuerte que sentí un dolor punzante en la mano derecha. Con la izquierda agarré con fuerza el bolso, lo puse sobre mi pecho como un escudo. Acurruqué la cabeza contra él, como si quisiera esconderme dentro. No quería ver, tampoco escuchar. Temblaba. Sabía que estaba ahí, acechándome, a punto de alcanzarme. ‘Que pase ya, por favor, que pase’, susurré para mis adentros, aterrorizada. Y pasó. Justo a mi lado, sin mirarme siquiera. El chico que estaba sentado al fondo del autobús me adelantó y siguió su camino.»

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12.- «Quién»

por InannaStM

«Me lo repito mientras sigo a la figura calle abajo camino del parque. No puede ser pero no dejo de pensar que no me equivoco. Sus pasos irregulares, la ropa que lleva, la forma en la que mueve la cabeza. A pesar de que el sol brilla con fuerza no puedo evitar que un escalofrío recorra mi cuerpo haciendo que me estremezca mientras pienso que estoy loco por hacer lo que estoy haciendo. No. No puede ser él. Yo estuve allí. Vi cómo certificaban su muerte, vi cómo lo sacaban en aquella caja de pino oscura y vi, testigo de primera fila, como él, amigo de toda la vida, volvía a la tierra de donde había salido.
Ahora, persigo una sombra, una figura que no puede ser él, pero que mi corazón y mi mente me indican lo contrario. Necesito acercarme. Tocarle. Asegurarme que no es la misma persona que conocí hace tanto tiempo. Que no es ese cuerpo inerte que lleva más de un mes en un foso de tierra en el cementerio de esta ciudad.
Esquivo algunos peatones que no veo de frente porque estoy obsesionado por alcanzarle, aunque no sé muy bien lo que haré cuando lo haga. ¿Le toco el hombro?. ¿Le llamo por su nombre?. Si realmente es él, ¿qué hago?.
No soy consciente de cómo he llegado a acercarme tanto pero me sonríe a través de una dentadura desgastada y me habla.
-Te estaba esperando.-dice.
En ese momento, sé que yo también he muerto.»

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13.- «Popi»

por Román G. Camas

«Desde la cena de empresa, la madre se había quedado intranquila por haber dejado a su hija adolescente con su hermano casi diez años más pequeño, así que decidió llamarla:
—¿Qué tal, hija? ¿Cómo se está portando tu hermano? ¿Habéis cenado?
—Sí. Todo bien, mamá. No os preocupéis. Estoy en el salón viendo una serie y él está en su cuarto sin dar un ruido.
—¡Anda! ¿Por qué no te acercas a ver cómo está?
—Voy, espera...Está bien, con los juguetes y me dice que tiene un nuevo amigo invisible. Popi dice que se llama.
—¡Oh Dios mío! ¡Coge a tu hermano y salid de casa enseguida!
—Mamá, no exageres. Son cosas de niños...
—¡Popi era el amigo invisible que tenías tú cuando eras pequeña!»

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14.- «Tic Tac»

por Luis Rafael Martínez

«Despiertas. Allí estás con el collar bomba que hace apenas horas te coloqué.
Bien sabes que nunca debiste robarme. Bien sabes que confié en ti. Bien sabes que tu traición la pagarías.
En tus manos tienes un celular, pero no puedes hacer llamadas, no puedes enviar mensajes, no tienes acceso a nada distinto a hablar conmigo.
Y ese reloj. Ese reloj que te dice que en 25 minutos explotarás en millones de pedazos.
Disfruto tu angustia. Disfruto saber que sabes que tu vida finalizará en 25 minutos.
No, ya son 23 minutos.
Te di un chance. La llave para que te quites el collar la tiene tu querida tía Olivia.
Sí, tu tía Olivia vive a más de una hora de camino. Eso me da risa.
20:31 minutos. Tic tac.
El GPS me indica que caminas en dirección contraria a la de tu tía. Estás loco.
¿Qué se siente saber que en minutos morirás?
15:48 minutos. Tic Tac.
Sigues huyendo, pero ¿De qué huyes? Sabes que lo que sucederá, sucederá.
08:17 minutos. Tic Tac.
Entiendo tu terror. No quieres hablar. Falta poco.
03:08 minutos. Tic Tac.
¡No! ¡No es justo que estés en el centro del colegio en el que estudian mis tres niños!
Tic Tac, Tic Tac.»

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15.- «El café amargo»

por Swilliam II

«La mujer revolvía el café lentamente. En la sala, Juan esperaba.
Cuando Emilia trajo las tazas y las apoyó en la mesa, la tensión se hizo insoportable.
- Ponele azúcar, si querés .- dijo ella con tono seco.
- No, así está bien.
- ¿Qué te pasa, ya no endulzas el café? ¿Tanto cambiaste? -replicó Emilia, nerviosa.
De mala gana y para no contradecirla, Juan se sirvió dos cucharadas repletas, las disolvió en el oscuro líquido y lo bebió casi de un sorbo.
- ¿De qué querías hablar, Emilia? -preguntó él.
La mirada de ella sonrió antes de que lo hicieran sus labios.
- De nada, en realidad.
Y se levantó en dirección a la cocina, mientras el veneno que había puesto en el café de Juan empezaba a hacer su trabajo.»

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16.- «¿Y TÚ QUÉ MIRAS? ERES EL SIGUIENTE»

por Rebeca Gonzalo

«La imagen del televisor no resultaba nítida y el sonido tampoco era el óptimo, pero se intuían el caos de la zona y la inquietud de la reportera que se desgañitaba tratando de hacerse entender por los espectadores del informativo. Como fondo, a varios centenares de metros, edificios derruidos, otros en llamas, y toda suerte de equipos de salvamento y hasta personal militar.
Por breves segundos la retransmisión fue idónea. Todos los televidentes contemplaron en directo cómo una figura humanoide decapitaba a la locutora mientras su sangre lo salpicaba todo.
Después probablemente un forcejeo, varios golpes secos y gritos de espanto.¿Resultado? El cámara yacía muerto junto a su compañera. Y a los pies de él su inseparable equipo de grabación con un mensaje escalofriante para la audiencia, escrito en espejo con la sangre de ambos jóvenes en la lente del aparato prometía: ‘Eres el siguiente’.»

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17.- «sin consciencia»

por @axisaas

«Contuve la respiración para escuchar mejor, primero dos pasos, luego tres y finalmente, alguien abría el armario donde me escondía; cerré los ojos y los apreté con todas mis fuerzas; un segundo después, todo había desaparecido, yo seguía ahí, en otro lugar, al fin despierto.
Me tranquilicé a no sentir aquella sensación de terror.
Cuando quise moverme, descubrí que no podía, en realidad ni siquiera había abierto los ojos desde que desperté, sólo escuchaba pero ya no sentía nada; oía muchos llanto y me desmayé.
Cuando recobré la conciencia, todo era oscuridad y fétidos olores, ya no me dolían las heridas, la autopsia había terminado.»

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18.- «Sueño Mortal»

por Malkavian

«Despertó a las 3:30 AM
Empapada de sudor
Con su vestido blanco
Manchado con pintas rojas
Sus manos pegajosas
Y la voz en su cabeza
Susurraba: Qué has hecho, Andrea
Qué has hecho !»

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19.- «Tranquilo, querido»

por Sentencio Gomez

«Anoche soñé otra vez que tenía unos brazos largos y fibrosos con los que podía sujetar todo lo que yo quería. También contaba con piernas enormes, fuertes, cargadas de venas y músculos. Recuerdo que en el sueño yo saltaba muy alto, como Superman pero no llegaba a volar. Mi mamá me gritaba desde algún lugar que pare, que no quería tener un hijo de trece años muerto. Pero yo no le hacía caso. Hasta que me detuve en una terraza y desde allí pude ver a mi papá apuntándome con un rifle desde otro edificio. Escuché el disparo y luego sentí el dolor. Un agujero en mi pierna y la sangre escapándose. Es entonces cuando me despierto.
Mamá se acerca y al verme algo agitado a causa del sueño, pone su mano sobre mi frente.
-Tranquilo, querido—me dice. Son las mismas palabras que me dijo antes de que me corten los brazos y las piernas—te queremos pero no crecido—había agregado mi papá antes de ponerme la inyección que iba a dormirme. Aquella vez soñé con ellos y una cierra. Papá cortaba; mamá miraba.
Ahora papá viene de vez en cuando a cambiarme los vendajes. A veces las heridas sangran y duelen. Pero cuando eso pasa me dan una pastilla para dormir y entonces los brazos y las piernas me vuelven a crecer.»

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20.- «En medio del amanecer»

por LinMon

«Caminé sobre el piso lleno de lava y al sentirme observada noté que sus ojos clamaban piedad, mis manos no paraban de temblar, al saborear mi boca sentí sus entrañas en ella.
Nuestros gritos eran mudos, nuestros rastros eran sangre y fuego; creí soñar con los ojos abiertos.
Susurraron mi nombre.
Desperté, pero efectivamente me había vengado.»

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21.- «Pesadilla»

por Yesid Espinosa

«Despertó sobresaltado. En la oscuridad, percibió un sudor gélido que le cubría la frente, el cuello y la espalda. Llevó sus manos, temblorosas y frías, al costado izquierdo de su pecho. Esperó un instante, no sintió ningún latido.
— Otra vez ese maldito sueño en el que todavía estoy vivo— Susurró aliviado.»

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22.- «Recuerdo olvidado»

por Elvi

«Llegaba tarde. Pasaban diez minutos de la hora acordada y aún me quedaban unos metros por recorrer, así que aceleré el paso todo lo que el viento en contra me permitió.
Al llegar al lugar le vi sentado en un banco, con la cabeza gacha y una capucha negra que le cubría la cabeza. Me senté a su lado y comenzó a hablar antes de poder preguntarle por qué me había citado en aquel sitio.
- Siempre serás la mujer de mi vida, pero ahora necesito seguir viviendo - Susurró, más para él que para mí.
Intenté tocarle en el mismo momento en que se agachó para depositar un ramo de rosas junto a una lápida, en la cual pude leer mi nombre escrito. En ese momento, recordé el día en que no solo desaparecí para él.»

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23.- «LA VIEJA DEL PORTÓN»

por Geruve

«-Buenas…noches, -tembló mi voz nerviosa, al tiempo que asomaba la cabeza entre los barrotes- ¿A quién pertenece esta imponente mansión? A lo lejos, una figura negra se escurría entre los abedules del jardín de la finca camuflándose con la oscuridad. Cambiaba de tamaño a medida que se acercaba hacia mí; al aproximarse a la luz de una farola, ésta dejó al descubierto a una alegre anciana de baja estatura; para mi sorpresa, el portón emitió un chirrido agudo al retirar una pesada aldaba y me invitó a pasar.
Una vez dentro, tomé asiento en una desvencijada silla de madera que crujió bajo mi peso. Ella se sentó frente a mí. Más arriba, casi sobre nuestras cabezas, una bombilla hacía pobremente su mejor esfuerzo por esfumar la espesura de la noche y aclararnos el rostro. Luego, la vieja acercó sus enormes ojos de sapo con gafas para inspeccionar los míos. Con solo tres dientes frontales y un aliento a tabaco pudo articular:
-La casa perteneció a mi esposo, un héroe que luchó por los derechos de los obreros, eso al gobierno no le gustó.

Apreté los labios y aflojé la corbata; después de un suspiro, dije:
-Y por eso, ¿Lo mataron?
-Nos mataron. Concluyó»

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24.- «Tú serás el siguiente»

por Kurdan

«Mientras estoy solo en casa noto esa presencia siempre en mi espalda, en la oscuridad del rincón del dormitorio, cuando voy por el pasillo y sobre todo mientras duermo, en ese momento es cuando sé que se acerca mucho a mí.
Siempre me acompaña esa sensación y el ruido de algo se aproxima cada día más a mí.
Ya son nueve días con estas sensaciones y ruidos, pero...
El ruido hoy no está, por fin una noche de cena tranquilo!!
Hasta que he sentido lo último, su aliento tras mi nuca, y su fría boca en mi cuello, mientras el marfil de sus dientes se clavan en mi carne.»

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25.- «Matrimonio por Conveniencia»

por Alféizar

«Es evidente que el templo abandonado amenaza ruinas. Han transcurrido incontables primaveras desde aquel día en que un trozo de cúpula se desprendió y aplastó a Fer, el novio, cuando, impaciente, esperaba en pleno presbiterio a la hermosísima Luz, su prometida.

Muchos asistentes a la ceremonia, incluidos el párroco y la propia novia, huyeron en el instante del desastre. Unos pocos invitados permanecieron inmóviles, presas del pánico. Solo ellos presenciaron cómo, de la enorme pila de escombros, se incorporaba una figura imponente y polvorienta, con unos cuernos incandescentes que sobresalían de su frente y una larga cola que se retorcía en todas direcciones, asemejando a una víbora furiosa.

Recitaba vocablos inaudibles, en una lengua arcaica. Libre de la prisión, se apresuró a ingresar en el primer confesionario que encontró en su camino, evaporándose en el interior del mismo.

El rumor de lo sucedido se esparció con rapidez por las calles del pueblo y ningún fiel quiso acudir, desde entonces, a aquella iglesia infernal. En los espaldares de las bancas de madera deterioradas por la intemperie, aún hoy es posible apreciar algunas viejas cintas de seda con llamativas inscripciones metálicas anunciando la unión de Luz y Fer.»

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26.- «Aquella noche...»

por Alaska

«Hacía un calor terrible. El ventilador parecía más bien levantar un vaho asfixiante en vez de una fresca brisa. Hacía un buen rato que había apagado las luces y ya los mosquitos hacían su faena contra mi humanidad agotada. Por la ventana entraban luces y sombras foráneas y, como si fuese un teatro, vi una sombra detenerse despreocupadamente a fumarse un cigarrillo. De pronto, otra figura se le fue acercando lenta y sigilosamente... Hasta que se abalanzó sobre su víctima.
Ni siquiera escuché un grito de dolor del primero, sólo vi cómo el otro le apuñalaba en la parte baja de la espalda y el fumador se crispaba, echando el cuerpo atrás, dejando caer el cigarrillo y llevando las manos hacia arriba.
Ahora se escuchó un alarido. No me di cuenta de que era yo quien gritaba y el agresor se volvió hacia mi ventana. Pude imaginarme su mirada inquisitiva, pensando que alguien le había visto cometer su fechoría. No supe qué hacer, si esconderme bajo la cama o correr fuera de la casa. Esos segundos de indecisión le dieron oportunidad a la sombra de buscar por dónde entrar a la casa aunque puertas y ventanas estaban cerradas con llave. El silencio era lo peor. Cuando algún ruido, por pequeño que fuese, lo interrumpía mi corazón quería salírseme del pecho... Por fin me escondí bajo la cama y entonces se abrió la puerta lentamente, muy lentamente. Entonces vi sus pies parados frente a mí... Estaba tan oscuro...»

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27.- «El despertar»

por Huesos crujientes

«Sabía que estaba ahí. A pesar de la oscuridad total, podía percibir su presencia. Intentaba silenciar su respiración, pero su corazón indiscreto, a punto de salir de su pecho, lo delataban. Permaneció tan inmóvil como pudo esperando que 'eso' se fuera. A punto del colapso intentó levantarse y salir corriendo pero su cuerpo se aferraba a su inmovilidad. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿2 o 5 horas? No podía saberlo.
Comenzó a escuchar la otra respiración muy cerca de su oído y un frío sudor recorrió todo su cuerpo. Quiso gritar, pero su voz no salió. Entonces se armó de valor, se levantó y ¡Oh sorpresa! Solo soñaba. Bañado en sudor y con el corazón desbocado, salió de la cama. El reloj marcaba las 2:00 AM y aun así salió al balcón. La noche estrellada lo calmó mientras un litro de agua fresca desaparecía en su cuerpo. Respiró profundo e intentó olvidar lo ocurrido. Entonces escuchó un extraño sonido, lentamente giró su cabeza y ¡Ahí estaba 'eso'! Sus piernas no respondieron y se dejó caer en el piso del balcón. Aquello se acercaba lentamente disfrutando su triunfo cuando él por fin despertó, bañado en frío sudor y con el corazón a punto de salir de su pecho.»

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28.- «El mundo real.»

por Yolanda

«Tembló frente a ella, no consiguió abrir la puerta. El monstruo le abrazó y le advirtió: el mundo real es mucho más aterrador fuera de este armario.»

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29.- «Collar de perlas»

por Acpsanz

«Ella despertó... Él había dejado una carta sobre la almohada: ' Continúa con tu vida, sonríe... Nunca me olvides, querida'
Bajo la carta estaba un extraño collar de perlas... ¿Un regalo de despedida, quizás?... Caminó hacia el espejo y se puso el collar, era extraño pero lindo... Sonrió pensando en que por fin terminaba esa pesada historia de amor... Se miró al espejo y gritó: ¡Su sonrisa había sido reemplazada por un doloroso agujero sangriento...!»

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30.- «Una gran fiesta.»

por echagua69

«La convención de vampiros iba viento en popa. Las conversaciones eran distendidas. Habían venido de todos los rincones del planeta.
El pase de moda como aperitivo había creado mucha expectación. Las capas ya no eran lo último y los tacones eran poco prácticos para entrar en el ataúd. A todo el mundo le encantó los nuevos cuellos con solapas de punta metálica, los pantalones de raso acampanados y los chalecos reforzados anti-estacas.
Los chupitos de plasma consiguieron disparar todavía más el buen ambiente. Lástima del exceso de glucosa. Pese a ser un detalle importante, nadie le dio mucha importancia.
Se acercaba el momento de clausurar el evento, faltaban unas horas para la salida del sol. Se abrieron las ventanas y multitud de asistentes marcharon volando. Los que dormían cerca se esperaban a la salida a que llegara su coche fúnebre, todos marchaban contentos con su bolígrafo-murciélago y su agenda con el calendario lunar.
A una distancia prudencial aguardaban los industriales para volver a montar los espejos en los lavabos que tanto les incomodaban. Tenían claro que no entrarían hasta que no quedara nadie, había que dejarlo todo listo para el siguiente congreso, esta vez de banqueros.»

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31.- «En la oscuridad del bosque»

por Azahara

«El bosque era tan oscuro que correr no servía de nada. Pero si se quedaba quieto,podía sentir cómo el gélido aliento del monstruo acariciaba su nuca,invocando promesas de sangre y muerte.
Como todo,había empezado con un sueño. Una fantasía de ilusión y futuro. Pero todo se había roto al sentir la primera puñalada atravesando su brazo,destrozando primero el músculo,y después,como mil cristales rotos, su corazón lleno de falsa esperanza.
Correr hasta el bosque desprendiendo diamantes de sangre sólo provocó que la persecución fuera,a los ojos del monstruo,más placentera. Y cuando la víctima se giró para mirar a la muerte a los ojos, lo que vio fue la mirada desquiciada y llena de deseo de su pareja, que aún sostenía el puñal con fuerza.
La persecución llegaba a su fin.Los únicos testigos de la matanza, silenciosos árboles oscuros como la misma noche, ocultaban el cielo con sus ramas, como queriendo evitar que la luna iluminara semejante atrocidad.
Las lágrimas no detuvieron las risas del loco, ni la sangre de las entrañas de su amor le sirvieron de consuelo. Pero ese día comió, y al siguiente podría encontrar más carne fresca.
El cuerpo quedó abierto desde la garganta hasta el muslo, anclado a una rama y con los brazos en cruz. El monstruo sonrió a su obra cuando la luna iluminó el bosque. Podría abrazarle una última vez, protegidos en la intimidad del bosque.»

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32.- «El Sonido del Espejo al Romperse»

por Hugo F. García

«Cada noche la oigo desde mi habitación, que ahora siempre me aseguro de cerrar cuando la luna sale de su sueño para velar el nuestro. Se arrastra y llora, muy fuerte. Se le oye, ¡y tanto que se le oye!
Sus llantos no son algo normal. Es como si mil personas demacradas entonaran un cántico triste y gris. Es un sonido que una vez lo oyes, no puedes olvidar en toda tu vida. Retumba en tu cabeza como un eco que promete nunca acabar.
Ella se encarga de venir cada noche, de llorar bien fuerte y desgarrar con sus manos con uñas largas y roñosas el trapo que intenta imitar un elegante y hermoso vestido nupcial.
Ella se encarga de romper el espejo del cuarto de baño y que suene como un largo pesar, como un grito ahogado en el agua más honda. Se hace profundas heridas con los cristales, que le penetran la carne mugrienta de las manos y los pies y manchan el suelo y las paredes de sangre negra como el petróleo.
Cuando está ella procuro no hacer ruido con las lágrimas que me salen y el miedo que desprendo por cada poro de mi piel. ¿Y si soy yo lo que está buscando tan desesperadamente?
Sé que ella es real. Sé que no es una pesadilla ni un trauma de niño. Lo sé. Entonces, ¿por qué cuando me levanto no hay rastro de ese terrorífico ente?»

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33.- «Asesino»

por Danielsan

«Con la cara rota y el cuerpo molido a golpes, lo sentaron y amarraron sus muñecas a la espalda. La muchacha que iba a interrogarlo se sintió incómoda; la mirada de odio del hombre la penetraba como una flecha, ella lo sentía cada vez que él le clavaba sus ojos. Salió temblorosa. Entró un hombre robusto, de traje negro. Sacó una jeringa y cuando la insertó de forma violenta en el brazo del detenido, éste le escupió. La pesada masa de flema y sangre se posó en uno de los pómulos del hombre de traje.Respiró profundo. Sacó un pañuelo de seda blanco y se lo pasó delicadamente por el rostro. El detenido sonrió; en su boca parecía haber un mar de sangre que se le escurría por los labios hasta perderse en la barba. El hombre de traje se hizo tronar los nudillos, se quitó el saco y mientras se preparaba para lanzar el primero de esa nueva horda de puños que se le vendrían al detenido, sintió que algo andaba mal. No lo supo, pero el escalofrío que le recorrió el cuerpo es ése que sienten los que están a punto de morir. Se dio cuenta, por fin, pero ya era tarde. Pues había pasado un minuto, la droga no hacía efecto y la jeringa incrustada en el brazo ya no estaba.»

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