Sí, quiero

Sí, quiero

Dijiste que sí pestañeando dos veces cuando el cura te preguntó:
¿Quieres a esta mujer por esposa hasta que la muerte os separe?

Al concluir la ceremonia, todos se marcharon y nos dejaron solos para celebrar
nuestro enlace en la intimidad de tu habitación de hospital.

Descorché el cava con gran estrépito y llené las copas de burbujas para brindar por nuestro amor. Luego, acerqué la pajita a tus labios para que pudieses beber sin atragantarte. No quería que, sin querer, nuestra felicidad se derramase. Deseaba que, por una vez, todo fuera perfecto.

Sorbías despacio. La emoción desbordaba tu mirada agradecida. Las lágrimas se deslizaron por mis mejillas hasta fundirse con las tuyas. Suspiraste al final mientras besaba tus labios con aroma a almendras amargas.

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