Silencio tropical - Alberto Piernas

Silencio tropical

Era el Día del Silencio en Bali. El único del año en el que el aeropuerto se paralizaba por completo y ningún creyente salía de casa. El mismo en que viejos espíritus cruzaban la selva en busca de pecados que condenar.

Gede y Kadek eran conscientes de la importancia de aquel día. Pero como dos jóvenes rebeldes que eran, prefirieron jugar a escondidas con la Game Boy que habían comprado en el mercado negro.

Mientras los padres de Gede aguardaban silenciosos en el salón, los dos amigos se escaparon al jardín trasero y comenzaron a turnarse su nuevo juguete, sintiendo que nadie les condenaría por jugar en mitad del silencio tropical. Sin embargo, el padre de Gek no pensaba lo mismo. Al poco tiempo salió a buscarles y les devolvió al interior de la casa hasta encerrarles en un pequeño armario de bambú. Tanto, que tras dos horas encerrados ambos adolescentes no tardaron en sentir sus alientos en la nariz y el sudor en la piel. Fue así como sus latidos no tardaron en descubrir el viejo tabú que escondían sus miradas esquivas. Porque quizás, en lugar de jugar a la Game Boy en un día sagrado sin hacer ruido, aquel sí era un verdadero motivo para enfadar a los espíritus. Pero no tuvieron tiempo de seguir cuestionándose las consecuencias de sus actos inconscientes. De la cercanía de sus bocas embrujadas por una intimidad forzada, nunca antes experimentada. Un deseo, unos pocos centímetros de distancia. Y la puerta se abrió. El padre de Gede les sacó con un tirón de orejas y les devolvió al salón, totalmente ajeno a sus historias secretas. Para cuando el Día del Silencio terminó, Gede y Kadek nunca estuvieron tan callados. También aliviados por el simple hecho de que a los espíritus no les importase la conversación entre sus corazones.

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