Su último salto

Estaba predestinado para serlo, le decían siendo un niño. Era flexible como un junco sacudido por la brisa fuerte del sur y largo como una espiga dorada al sol. Su madre se endeudó hasta lo indecible. Era una frustración que quería curar a través del cuerpo del hijo. Sus pies se deformaron y se convirtió en un número uno. La fama le vistió de éxitos fértiles. Su madre estaba orgullosa. Sergei brillaba en el Royal Ballet, pero su otro yo sangraba por dentro. Estaba seguro de su decisión. Su insatisfacción imperaba. Aquel iba a ser su último brisé volé magistral.

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