Tablas - Felix Aguilar

Tablas

Montada en su caballo y con la vieja armadura de su padre, Judit capitaneaba el mayor ejército que un terreno de batalla hubiera visto jamás. Cien mil jinetes, quinientos mil soldados de a pie, un centenar de gigantes y un sinfín de criaturas del bosque y las montañas. El aire se detuvo para observar esa imagen tan majestuosamente terrible, la imagen que precede a la guerra más cruel.

Frente a ese imponente ejército, en el otro lado del campo de batalla, se encontraba un muchacho, de unos once años de edad. Temblaba como una débil rama en otoño, desnuda porque sus hojas alfombran el suelo. Nunca había visto la guerra, aunque sí había escuchado historias sobre ella en boca de su padre. El nombre del muchacho era Garry.

Se miraron fijamente y a pesar de los quinientos metros que separaban sus ejércitos, se veía el temor en sus ojos. Esa guerra absurda en la que sus familias llevaban enzarzadas un milenio tenía que terminar esa misma tarde. Judit bajó del caballo y Garry hizo lo mismo, dirigiéndose ambos al centro del campo. Ella llevaba un tablero de madera y él una cajita de marfil. Cuando se vieron frente a frente, se sentaron en el suelo. Ella dejó el tablero en el suelo, él abrió la caja, volcó el contenido y lo colocaron cuidadosamente en el tablero.

—¿Hacemos que esta sea nuestra guerra?

—Siempre que tú elijas el color de tus figuras.

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