Te regalo la vida

Susanita no dijo nada aquella noche que salimos a cenar y descubrió mi dedo gordo del pie saliendo de las medias al agacharse a recoger la servilleta. Le agradecí infinitamente que me ahorrara el bochorno. En cambio debajo de su árbol tenía unas maravillosas medias dignas de la más glamurosa actriz de Hollywood para mí.

Roberto canta conmigo cada vez que enchufo a los National. Sé que no le gustan, falta de “adrenalina” les achaca. Apareció con un par de entradas para verlos. Los pelos de punta.

Antonio, la luz de mis ojos, en lugar de preguntarme por el regalo que quería, siempre se quejaba de ser malo para eso de obsequiar, llegó pidiendo. Regálame el 27 de Diciembre, me exigió. A las 10 en punto llamaba a la puerta con una caja con un candado. En ella encerró nuestros móviles. Meneó las llaves del coche frente a mis narices y dijo: hoy nos pertenecemos; somos regalo.

Ahora lo sé, que no es regalo, es lo que dice de ti. Regalos que gritan: te presto atención, te escucho y si te emocionas, tiemblo contigo.

[Total:1    Promedio:5/5]
Más artículos
Algun dia - Paula Andeliz
Algún día