Alicia Faind - Una taza de chocolate

Una taza de chocolate

Hoy prepararemos chocolate a la taza, empiece por calentar la leche a fuego medio durante quince minutos. Interrumpimos un momento esta transmisión para informar que el monstruoso, el abominable “sin manos”, aún no ha sido capturado por las autoridades. Le recomendamos mantener las ventanas y puertas cerradas, este criminal puede estar en su vecindario, le pedimos que conserve la calma, hay patrullas en cada rincón de la ciudad.

Siente cómo los vellos de sus brazos se erizan, su boca está seca, su corazón da repentinos saltos. Intenta concentrarse de nuevo en el programa de cocina.

Agregue una barra de chocolate y dos cucharadas de vainilla, remueva durante uno o dos minutos. Interrumpimos nuevamente para informar que se encuentra desaparecida desde hace unos días una mujer de sesenta y cinco años, costurera de profesión, “sin manos” es el principal sospechoso. Recordemos que el homicida se apropia de las manos de sus víctimas, puesto que carece de las propias. Además, presenta una fijación por aquellas personas que dependen de sus manos para trabajar. 

Un ruido en la en la alcoba distrae su atención del televisor, se dirige a ella y al entrar se percata que es el aleteo de un postigo contra la pared a causa de la fuerte brisa. Escucha a lo lejos el eco de las sirenas mientras cierra la ventana, un escalofrío recorre su espalda. Siente que alguien observa sus movimientos. Nota unos libros tirados en el piso, – seguro se cayeron por la fuerte brisa–, pensó. Sin embargo, la sensación de que alguien aparezca de repente hace que su respiración sea corta y agitada. Abandona la habitación, baja las escaleras y se aproxima a la cocina, toma una taza, sirve el chocolate, este se desliza entre sus manos.

¡Manos inútiles!, ¿Cómo podías coser con ellas? – exclama con ira mientras dirige su mirada al cuerpo inerte y cubierto de moscas de una anciana sobre la alfombra.