Marina Cabrero - Volver

Volver

La nieve se derretía a los lados de la carretera en una primavera todavía temprana. Sus pasos resonaban sobre el asfalto del pueblo que la vio nacer, crecer y enamorarse. El atardecer y el olor a pinos inundaba el ambiente. Seis meses habían pasado desde que tapó el sol con su dedo pulgar junto a su marido y se prometieron mirarlo cada vez que el peso de los kilómetros se hiciera más y más pesado. Sin embargo, esta vez se sentía liviana, la mochila que había llevado en las últimas misiones no le pesaba nada en aquel momento, porque las ilusiones y la esperanza de volver que llevaba a cuestas la hacían volar.

La última casa, la de cemento blanco, se descubrió entre los árboles: juguetes esparcidos por el jardín, el coche a la entrada del garaje, la luz bañándolo todo, unos pasitos ligeros y rápidos corriendo hacia ella, otros más fuertes seguían a los primeros, el abrazo más cálido que nadie jamás pudo darle. Ya estaba en casa.