Y si arramplas con algo, que no sea conmigo

Y si arramplas con algo, que no sea conmigo

Se fue de viaje a Cuba.

Y en medio de la pobreza encontró la riqueza. En mitad de un mercadillo se topó con las sonrisas más amplias y con vestidos de colores que siempre daban vida a la oscuridad.

Los niños corrían hacia ella pidiendo chicles y lápices. ¡Chicles y lápices! y en medio del malecón, al son de las maracas se encontró rodeada de un grupo que cantando a ritmo de un “guantanamera guajira guantanamera”, le regalaron alegría y le transmitieron energía cargada de optimismo. Allí, donde las olas rompen, donde el calor de un puro habanero puede quemar hasta el corazón más helado. 

Allí, donde el sol calienta con la misma fuerza en la que llega un tifón y se lo lleva todo. Todo, menos su alma. Menos su esencia.

Así, como en la vida, nada ni nadie, podrá arrebatar nuestra forma de ser, porque entonces dejaríamos de ser uno mismo. Y aunque a veces después de un “terremoto” nos cueste remontar, siempre volverá la calma.

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