Ricardo Garcia - Zerzura

Zerzura

Me he pasado media vida escuchando leyendas sobre el mítico oasis de Zerzura. Ya en el siglo XIII se hablaba de una ciudad misteriosa en medio de las arenas, preciosa y blanca como una paloma. Hacia 1930, algunos exploradores como Lászlo Almásy, realizaron expediciones y aunque nunca la encontraron, crearon el romántico Club Zerzura en un bar de Wadi Halfa.

Cuando terminó la gran guerra, mi abuelo encontró el bar y dentro, en una vieja maleta, todo lo que habían podido averiguar sobre la mítica ciudad perdida y la guardó. Luego se coló de polizón en un barco carguero que le dejó en Europa. Quería comprobar las viejas leyendas que llegaban al Oasis, pero se perdió en un continente destrozado por la guerra y ya no supo volver.

Él no se cansó nunca de hablarme de su familia, de su añorado rincón en medio del desierto y aunque todos lo tomaban por loco a mí me gustaba escucharle. Antes de morir, me entregó la maleta rogándome que si algún día podía, hiciera el camino de regreso al hogar de nuestra familia para hablarles de las realidades del mundo exterior, advirtiéndoles de sus peligros y quemara la maleta, así nadie podría encontrarles.

Mañana salgo en busca del hogar, quizá pueda encontrar la familia que mi abuelo, el primogénito del rey, dejó allí. En mi vientre late la esperanza de continuar nuestro linaje y yo lo acaricio distraída, mientras veo ponerse el sol detrás de las dunas.

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